viernes, 15 de febrero de 2013

Salvador que te salva.

Y ayer apareciste en mitad de esa noche en esa plaza cualquiera, entre dos calles que tantas veces nos han visto pasear.  Y yo que llegaba con la más creíble de mis indiferencias, y tú que siempre te propones echarmela por tierra.
Y de pronto ese gesto que tantas veces he visto, y esas palabras que me solías decir: 'Joder, estás tan guapa.' Y yo que me peleaba conmigo, intentando que no notaras que mi corazón iba como un caballo de carreras, que las calles me guiñaban un ojo, que de pronto, si mirabas alrededor, el tiempo se había parado.
Y así estuviste toda la noche, no más lejos de medio metro, y no más cerca de 20 centímetros, mirándome con esas manos y hablándome con esos ojos, tocándome con tus palabras.

Y así fue como el centro de esta ciudad que es nuestra me susurró que como lo que tenemos nosotras, no se ha inventado nada igual.

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