Y ayer apareciste en mitad de esa noche en esa plaza cualquiera, entre dos calles que tantas veces nos han visto pasear. Y yo que llegaba con la más creíble de mis indiferencias, y tú que siempre te propones echarmela por tierra.
Y de pronto ese gesto que tantas veces he visto, y esas palabras que me solías decir: 'Joder, estás tan guapa.' Y yo que me peleaba conmigo, intentando que no notaras que mi corazón iba como un caballo de carreras, que las calles me guiñaban un ojo, que de pronto, si mirabas alrededor, el tiempo se había parado.
Y así estuviste toda la noche, no más lejos de medio metro, y no más cerca de 20 centímetros, mirándome con esas manos y hablándome con esos ojos, tocándome con tus palabras.
Y así fue como el centro de esta ciudad que es nuestra me susurró que como lo que tenemos nosotras, no se ha inventado nada igual.
viernes, 15 de febrero de 2013
jueves, 14 de febrero de 2013
Apenas me acuerdo de ti.
¿Sabes qué pasa? Que soy como una montaña rusa para todo. Que hay días que te quiero, que quiero abrazarte hasta sentir tus latidos en mi pecho y días que creo que te odio, y que podría odiarte todos y cada uno de los días que me quedan. Que no soporto la idea de quererte tanto.
Tengo días buenos, la verdad es que por lo general soy feliz, tengo de casi todo y no hay un solo día que no me ría a carcajadas. Pero tampoco hay un puto día de mi vida que no me acuerde de ti, ni uno. Y eso es algo que realmente me hace odiarte.
Me hace odiarte porque no me acuerdo de ti queriendo. Porque es el peluche que adorna mi cama quien me da los buenos días y me dice que no es él quien debería dármelos. Me acuerdo de ti porque siempre que miro la hora está ese maldito número nuestro. Me acuerdo de ti porque escucho música y las canciones me lanzan dardos con tu nombre grabado a fuego. Me acuerdo de ti porque me monto en el metro y alguien lleva alguna prenda parecida a la tuya. Me acuerdo de ti porque mi corazón se acelera y mi cabeza se gira sin pensar cuando oigo un tubo de escape. Me acuerdo de ti porque voy a clase y no hay nadie que me espere a la salida para comer.
Me acuerdo de ti porque quiero invitarte a un sundae, o porque echan la nueva edición de GH. Me acuerdo de ti porque quiero ver una película nueva, o por el diálogo de una serie. Me acuerdo de ti cuando voy de compras o cuando salgo a la calle, porque siempre se escriben tus iniciales en las esquinas de las tiendas y los percheros, en las esquinas de nuestras calles.
Me acuerdo de ti porque huele a "Amor, amor", porque como pollo, y porque le echo atún a mis pizzas.
Me acuerdo de ti porque por la noche me meto en la cama y tu fantasma me tapa con la colcha.
Y lo peor es que, si no pasaran ninguna de estas cosas, me seguiría acordando de ti sin ningún motivo.
Porque no vives en las cosas que hay a mi alrededor, vives en mí y haces que te vea en todas partes. Hasta si viviera en Siberia, vería tu rostro en el hielo.
Tengo días buenos, la verdad es que por lo general soy feliz, tengo de casi todo y no hay un solo día que no me ría a carcajadas. Pero tampoco hay un puto día de mi vida que no me acuerde de ti, ni uno. Y eso es algo que realmente me hace odiarte.
Me hace odiarte porque no me acuerdo de ti queriendo. Porque es el peluche que adorna mi cama quien me da los buenos días y me dice que no es él quien debería dármelos. Me acuerdo de ti porque siempre que miro la hora está ese maldito número nuestro. Me acuerdo de ti porque escucho música y las canciones me lanzan dardos con tu nombre grabado a fuego. Me acuerdo de ti porque me monto en el metro y alguien lleva alguna prenda parecida a la tuya. Me acuerdo de ti porque mi corazón se acelera y mi cabeza se gira sin pensar cuando oigo un tubo de escape. Me acuerdo de ti porque voy a clase y no hay nadie que me espere a la salida para comer.
Me acuerdo de ti porque quiero invitarte a un sundae, o porque echan la nueva edición de GH. Me acuerdo de ti porque quiero ver una película nueva, o por el diálogo de una serie. Me acuerdo de ti cuando voy de compras o cuando salgo a la calle, porque siempre se escriben tus iniciales en las esquinas de las tiendas y los percheros, en las esquinas de nuestras calles.
Me acuerdo de ti porque huele a "Amor, amor", porque como pollo, y porque le echo atún a mis pizzas.
Me acuerdo de ti porque por la noche me meto en la cama y tu fantasma me tapa con la colcha.
Y lo peor es que, si no pasaran ninguna de estas cosas, me seguiría acordando de ti sin ningún motivo.
Porque no vives en las cosas que hay a mi alrededor, vives en mí y haces que te vea en todas partes. Hasta si viviera en Siberia, vería tu rostro en el hielo.
Hoy te escrito. Ahora mismo. Te he mandado un correo, allí donde solo te escribo yo.
http://www.youtube.com/watch?v=lanxuTBkeH0
Minuto 3:10
http://www.youtube.com/watch?v=lanxuTBkeH0
Minuto 3:10
miércoles, 13 de febrero de 2013
Esa sensación de: sé que hay alguien que puede quererme bien, darme estabilidad y una vida tranquila. Noches serenas, películas los domingos y llevarme a cenar a un sitio caro. Esa sensación de: prefiero alguien que me quiera más aunque peor, que me coja de la mano y me lleve a una montaña rusa. Que me de noches de risa y llanto, que odie los domingos y que me invite, si cae, a una hamburguesa.
A ver qué puta mierda haces cuando una persona te ofrece el cielo, pero prefieres arder con otra en el infierno.
A ver qué puta mierda haces cuando una persona te ofrece el cielo, pero prefieres arder con otra en el infierno.
martes, 5 de febrero de 2013
Es por ellos que bebo un poco menos, y respiro un poco más.
Voy a mirarte a los ojos, que es donde nunca me podrás mentir. Lo sé, la cara oculta de todos tus miedos.
Siempre he dicho que hay un brillo especial en tus ojos, algo cuando me miras, eso que dicen que se ve cuando quieres a alguien. Cuando una respiración te acelera el pulso y un adiós te parte la espina dorsal. El brillo de tus ojos es como cuando te asomas a un precipicio del que sabes que puedes o caerte o quedarte al límite para siempre, y aún así te asomas y si hace falta, te tiras, porque es mejor tirarte que no haberte asomado nunca.
Si tus ojos brillaran menos, ya no tendría sentido estar pegada a ti.
Es allí, en el viaje que suelo hacer hasta tu mirada, donde te veo, donde te encuentro y te abrazo, es como cuando estás desnuda y no puedes esconder nada porque no tienes bolsillos.
Y ¿sabes qué es lo más especial? Que nadie más lo ve, que la luz que desprenden tus ojos solo es visible para aquella a quien quieren ver.
¿Dónde esperas? Yo me quedo. 0:38
Y con un gesto, con un parpadeo, haces luz.
Siempre he dicho que hay un brillo especial en tus ojos, algo cuando me miras, eso que dicen que se ve cuando quieres a alguien. Cuando una respiración te acelera el pulso y un adiós te parte la espina dorsal. El brillo de tus ojos es como cuando te asomas a un precipicio del que sabes que puedes o caerte o quedarte al límite para siempre, y aún así te asomas y si hace falta, te tiras, porque es mejor tirarte que no haberte asomado nunca.
Si tus ojos brillaran menos, ya no tendría sentido estar pegada a ti.
Es allí, en el viaje que suelo hacer hasta tu mirada, donde te veo, donde te encuentro y te abrazo, es como cuando estás desnuda y no puedes esconder nada porque no tienes bolsillos.
Y ¿sabes qué es lo más especial? Que nadie más lo ve, que la luz que desprenden tus ojos solo es visible para aquella a quien quieren ver.
¿Dónde esperas? Yo me quedo. 0:38
Y con un gesto, con un parpadeo, haces luz.
lunes, 4 de febrero de 2013
Y cada vez que me dices que me echas de menos se me retuerce un poco más el corazón, se me atraganta el aire, me aprietas la garganta y la pena se vuelve más amarga.
Y la distancia y el tiempo se ríen de mí desde mi ventana, desde la ventana que tantas veces me ha visto derramar alguna lágrima esperando ver a un bicho pasar.
Y la distancia y el tiempo se ríen de mí desde mi ventana, desde la ventana que tantas veces me ha visto derramar alguna lágrima esperando ver a un bicho pasar.
sábado, 2 de febrero de 2013
It's in your eyes.
Nos besamos con los ojos, y esos son los peores y los mejores de los besos. Los que más se clavan, los que más duelen a los que no quieren esos besos, los más sinceros e inevitables para los que sí los quieren.
Los eternos, porque todo el mundo puede juntar sus bocas, pero poca gente puede conectar los ojos. Los inmortales, porque una vez que se conectan los ojos, nada en el mundo puede romper ese lazo.
Los eternos, porque todo el mundo puede juntar sus bocas, pero poca gente puede conectar los ojos. Los inmortales, porque una vez que se conectan los ojos, nada en el mundo puede romper ese lazo.
Qué poco sabe el mundo, y cuánto se creen que saben. Alguna vez alguien me enseño que no hay sensación mejor que estar frente a una persona de la que tú sabes algo mientras ella se hace la loca. Así me siento yo a diario.
Veo miles de personas que hablan sobre cosas que no han sentido, sobre momentos que no han vivido y sobre canciones que ni siquiera han escuchado. Veo personas que hablan de futuros sin saber que el mañana, dentro de unas horas, ya no existe. Veo personas que dicen 'nunca' sin saber que no es más que una manera de decir siempre, y que siempre y nunca son palabras tan llenas, que por momentos se vacían.
Personas que hablan de frío sin haber sentido nunca como se hielan las lágrimas, como se derrite el sol. Personas que hablan de soledad sin saber lo que es gritar hasta que te duele la garganta, hasta que el grito se difumina con el canto de los pájaros, y que nadie te oiga. Veo personas que hablan de pena sin saber qué se siente cuando alguien te llama desde lejos, desde muy lejos, y se te rompe el alma porque nada en el mundo podría conseguir que fueras allí.
Personas que hablan de amor sin saber lo que es llorar de alegría de ver a otra persona feliz.
Y de tantos sentimientos que no puedo describir, porque, simplemente, no he sentido.
Veo miles de personas que hablan sobre cosas que no han sentido, sobre momentos que no han vivido y sobre canciones que ni siquiera han escuchado. Veo personas que hablan de futuros sin saber que el mañana, dentro de unas horas, ya no existe. Veo personas que dicen 'nunca' sin saber que no es más que una manera de decir siempre, y que siempre y nunca son palabras tan llenas, que por momentos se vacían.
Personas que hablan de frío sin haber sentido nunca como se hielan las lágrimas, como se derrite el sol. Personas que hablan de soledad sin saber lo que es gritar hasta que te duele la garganta, hasta que el grito se difumina con el canto de los pájaros, y que nadie te oiga. Veo personas que hablan de pena sin saber qué se siente cuando alguien te llama desde lejos, desde muy lejos, y se te rompe el alma porque nada en el mundo podría conseguir que fueras allí.
Personas que hablan de amor sin saber lo que es llorar de alegría de ver a otra persona feliz.
Y de tantos sentimientos que no puedo describir, porque, simplemente, no he sentido.
A menudo me imagino qué estarás haciendo, que pensarás o cómo llevas esta ola de frío. Imagino que tiene que ser muy difícil vivir con mi ausencia a cuestas. ¿Sabes cuál es el peor miedo? El que vive contigo. Por eso imagino que debe ser horrible. Porque cuando tienes miedo a la oscuridad, enciendes la luz y cuando te dan miedo las arañas, corres y huyes, pero es imposible huir de ti misma.
A veces me da por correr. Me acuerdo de ti y solo sé huir pero cuando giro la cabeza, cuando miro para atrás para ver cuanta distancia he creado entre nosotras, tú estás ahí, a menos de un centímetro, todavía más cerca que antes. Es desquiciante correr y correr y no llegar a ningún sitio.
A veces, en esos momentos en los que a mi cabeza le da por abandonar mi cuerpo y volar a dónde (cree que) estás tú, te veo. Te veo en tu casa, léyendo mis pensamientos de 140 caracteres que, alguna vez que otra, te arrancan de cuajo una lágrima. Esas lágrimas tuyas que no salen precisamente cada día que amanece. Te veo metiéndote en la cama, enfrentándote a mi ausencia, a los fantasmas de mi no-estar. Y tú tan valiente, acostándote en la cama, con tu madre a la derecha y un dolor en el pecho con mi nombre a la izquierda.
A veces me da por correr. Me acuerdo de ti y solo sé huir pero cuando giro la cabeza, cuando miro para atrás para ver cuanta distancia he creado entre nosotras, tú estás ahí, a menos de un centímetro, todavía más cerca que antes. Es desquiciante correr y correr y no llegar a ningún sitio.
A veces, en esos momentos en los que a mi cabeza le da por abandonar mi cuerpo y volar a dónde (cree que) estás tú, te veo. Te veo en tu casa, léyendo mis pensamientos de 140 caracteres que, alguna vez que otra, te arrancan de cuajo una lágrima. Esas lágrimas tuyas que no salen precisamente cada día que amanece. Te veo metiéndote en la cama, enfrentándote a mi ausencia, a los fantasmas de mi no-estar. Y tú tan valiente, acostándote en la cama, con tu madre a la derecha y un dolor en el pecho con mi nombre a la izquierda.
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